♉︎ Tauro El nudo de las cinco
El domingo a las cinco de la tarde ya te ha llegado el lunes entero.
Lo notas en el estómago antes que en la cabeza. A las cuatro todavía es domingo: el café, la sobremesa, la ventana. Y a las cinco, sin avisar, empiezas a repasar el correo que te espera, la reunión de las diez, la cara de quien ya sabes. A las seis el domingo está muerto y tú, en el sofá, haciendo un lunes por adelantado que nadie te ha pedido. Y lo peor: el lunes de verdad nunca es tan fiero como el que te montas el domingo.
Tu casa doce, la de lo que se rumia a solas, tiene a Neptuno marcha atrás estos meses, y Neptuno así hace eso: levanta la niebla y enseña las cosas a su tamaño. El lunes real es más pequeño que el de tu cabeza.
Plan de domingo para las cinco, cuando llegue el nudo. Primero, veinte minutos fuera de casa, sin rumbo, aunque haga frío. Después, en un papel, lo único del lunes que de verdad te preocupa, en una línea. Y debajo, otra línea con lo que vas a pedir mañana, que a las ocho hay luna nueva y es buen día para pedir algo tuyo. El papel, en la mesilla.
Lo que se escribe deja de dar vueltas, Tauro. Y el domingo te lo quedas hasta las once.