♌︎ Leo El socio del año
Tu año ya tiene nombre. Quien te aguanta cada día aún no lo sabe.
El martes te mandé elegir de qué iba tu año y ponerle mes, y decírselo a alguien que te lo recordara. Si lo hiciste, apuesto a que elegiste bien al testigo: un amigo, alguien del curro, gente de confianza pero de fuera. Y mientras tanto, la persona que te ve en pijama, que te aguanta los lunes y te escucha los planes a medias desde junio, sigue sin la versión completa. No por secretismo: por costumbre. Lo grande lo anuncias al público y lo confías poco al patio de butacas de tu propia casa.
Casa siete, la del otro: con todo lo que se ha movido esta semana, este es el flanco que te queda por cerrar, y es el importante.
Hoy, domingo, sobremesa o paseo, la conversación entera: qué elegiste, para cuándo, y por qué esto y no lo otro. Y luego —esta es la parte que se te olvida siempre— pregunta: «¿Tú cómo lo ves? ¿Y tú qué querrías este año?». Escucha la respuesta entera, que el año bueno de verdad se hace a dos bandas o se hace a medias.
Si te ayuda, empieza así, tal cual: «Este año quiero una cosa y quiero que me la recuerdes tú». No hay declaración más seria que nombrar recordador oficial.
El público aplaude, Leo. El socio empuja. Hoy toca ascender a alguien.