♍︎ Virgo Sin logística
Con tu hermana solo hablas de logística: quién lleva qué y a qué hora.
O con tu hermano, o con ese primo que te tocó de hermano a falta de otro. El chat que compartís parece una centralita: «¿llevas tú el postre?», «mamá dice que a las dos», «te paso el Bizum del regalo». Funciona como un reloj, porque tú haces que funcione. Y en algún momento, entre recado y recado, se os perdió la otra conversación, la de cuando teníais doce y catorce años y os reíais de cosas que nadie más entendía. No os habéis peleado. Simplemente os convertisteis en coordinadores.
Con Mercurio de revisión en tu casa tres —la de los hermanos, los mensajes y el barrio de la infancia— y estas semanas son de releer conversaciones viejas. Hoy, que el día va de acordarse con cariño de lo que fuimos, toca releer esa.
El encargo es pequeño y te va a costar más que organizar tres comidas: un mensaje a ese chat que no lleve ni una pizca de logística. Un recuerdo con detalle, tal cual: «¿Te acuerdas de cuando nos escondimos debajo de la mesa en la boda de la prima para no bailar? Me he acordado hoy y me he reído en voz alta». Lo que sea vuestro. Y sin pregunta práctica al final, que ya te veo con el «por cierto».
Luego, nada: esperas. Va a contestar con un audio de risa, o con otro recuerdo, o con un «jajaja qué dices» que en idioma de hermanos quiere decir «yo también me acordaba».
Coordinar es querer, Virgo. Reírse juntos también, y lo tenías olvidado.