♌︎ Leo Treinta días seguidos
Habéis estado juntos treinta días seguidos y mañana volvéis a mandaros la ubicación.
Un mes entero desayunando a la misma hora, discutiendo por el aire y sabiendo en todo momento dónde estaba el otro sin tener que preguntarlo. A partir de mañana, turnos: tú entras a las ocho, esa persona sale a las siete, y la información pasa a viajar por escrito. «Voy saliendo.» «¿Compro pan?» «Llego tarde, cena tú.» Para noviembre a eso ya lo llamáis hablar, y encima lo defendéis en las cenas.
Y hay otra cosa. En treinta días juntos hubo una conversación que os rondó tres veces —en el coche, en una terraza y una noche a las dos— y las tres veces alguien cambió de tema con una habilidad que merecía premio. En agosto no hacía falta tenerla. En septiembre tampoco va a hacer falta. Ese es exactamente el problema: no hace falta hasta que hace muchísima falta.
Plutón anda por tu casa siete desde hace meses, la del otro, y ese no negocia ni avisa: lo que se decide ahí ahora se queda puesto mucho tiempo, y lo que no se decide también.
Hoy, y hoy quiere decir hoy: coge el calendario que tenéis colgado en la cocina y sentaos los dos delante diez minutos. Se apuntan dos cosas. Una noche de esta semana, con hora. Y la conversación que se os escapó tres veces, con día. Escritas ahí, donde las vea todo el mundo, no en tu cabeza, que en tu cabeza ya estaban.
Que la convivencia de agosto no cuenta como estar juntos, Leo. Estar juntos en septiembre hay que hacerlo a propósito y con el calendario delante.